miércoles, 22 de enero de 2014

Sin título.

Estaba sentada al lado de la ventana, tenía el teléfono móvil en sus manos, acariciaba sus propias manos, mirando a la nada y pensando en todo, nunca antes la había visto así, no guardaba ni una simple sonrisa para nadie. Estaba fría, incluso al lado del radiador. Nadie parecía darse cuenta de su presencia, ni a ella parecía importarle. Miró su teléfono una vez más y se separó del radiador, se dirigió hacia la puerta sin levantar la vista del suelo. Todas las personas de esa habitación parecían estar mirándola, ella no tuvo la necesidad de girarse para saber que estaban cuchicheando a sus espaldas. No le importó demasiado. Se sentó en su pupitre, manteniendo la mirada en su teléfono. Está inquieta. Curiosamente, no puedo dejar de observarla, y ella lo sabe, e intenta esbozar una sonrisa. La sonrisa más gélida y la mirada más rota que he visto en mi vida.
-¿Te encuentras bien?- Mi curiosidad logró superarme.
- Sí, gracias por preocuparte.- Otra vez. Otra vez la sonrisa gélida y la mirada rota.
-¿Puedo decirte algo? Mientes fatal.-
Ella no contesta, solo me mira.
- ¿Esperas algo? No has dejado de mirarlo.- Digo mirando a sus manos, que aún sostienen el teléfono.
Ella simplemente asiente. Debería parar, pero no puedo.
-¿Estás así por alguien?
Vuelve a asentir mientras baja la cabeza, es como si quisiera esconderse.
-¿Te ha hecho daño?- Sé que debería parar. Lo toco la mano y está fría, muy fría, como el mismísimo hielo.
Levanta la mirada, e intenta sonreír irónicamente, pero no lo consigue. -Todavía no.- Añade.
Sus ojos están rojos, a punto de soltar todo. Me acerco más a ella y la abrazo. Escucho sus llantos aunque ella intente esconderlos. El hielo que tenía dentro, se ha derretido con las lágrimas que acaban de resbalar por sus mejillas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario